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Este 14 de febrero me ha hecho reflexionar sobre cómo entiendo el amor. De chica, era el amor en la amistad: ser esa amiga incondicional, leal hasta la muerte, con la que te refugiabas cuando tus Papás o el mundo entero no te entendía. Era parte de ese proceso de conocerme y sentirme parte de algo.

De adulto, el amor lo atas a tus roles: novia, luego esposa y eventualmente madre. Encuentras nuevas formas de expresarlo, de demostrarlo y de disfrutarlo a través de tus hijos chicos. 

Hoy, me encuentro soltera nuevamente y con hijos medio adolescentes a los que les da "cringe" que lo quiera celebrar. Y en este encontrarme soltera nuevamente, vuelvo a ser la "yo" de joven pero que no muere por esa necesidad de aceptación externa sino la que disfruta lo que hay: amigas, salidas, eventos y desde una paz interna que me ha costado muchísimo trabajo lograr. Hoy todo es para mi, hoy toca desatarlo de los roles y empezar desde cero, desde mi. Entendiendo que desde el amor propio, corregido y aumentado, reenfocado y sano te puede traer mucho más que buscarlo en alguien o algo más y esperar que venga a brindarte felicidad y plenitud.

Así que desde un profundo amor interno, agradecimiento constante del ayer y hoy me doy cuenta que cuando hago las cosas por mi y para mi, resulta como una fuente que trae el agua por dentro, y al prenderse, salpica todo a su alrededor. Hoy te quiero decir que seamos esa fuente abundante, que estemos tan felices con nosotras mismas que todo lo que hagamos, nos pongamos (obvio verde menta), demos y recibamos sea desde ese inagotable amor propio. Felíz Día! 

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